No debí haberlo visto. No hoy. Por qué no pude verlo mañana, o pasado o nunca???? Por qué me hace eso?? Ya no lo conozco, ni me conozco a mi. Ya no quería quererlo y apenas lo prometí, tuve que verlo. Verlo para bien y para mal. Su mirada me mata y ya no está ahí. Ahora vacía. Quisiera pensar que los momentos en que se fijó en mí fueron porque en mí piensa, no sólo constumbre o curiosidad. Perfecto, pues si me hubiera besado me volvería al cielo y ya no más. NO lo puedo permitir. Debo permitirme sacarlo de mi mente. Sacar esta opresión. Estaba alterada y vacía; sentía cuchillos de fino hielo en mi pecho y estómago.
No debí haber ido, insisto, no debí haberlo visto. Su cara, su brazos, su voz: aunque pocas veces, me martirizaron toda la noche.
Quiero quitarlo, borrarlo, odiarlo; quiero llorarlo y no puedo. Me enferma, me invade, me posee y sólo quiero llorarlo hasta que su nombre no me sepa a nada y pensarlo no me lastime la cabeza. Pero no podré, no puedo ahora que puedo.
Es él, A***, con toda la fuerza de su ser, con todo lo imperfecto y perfecto que es. Es todo lo que no quisiera que fuera: él.
Sentía que me consumía de dolor, de angustia, de ansiedad. Que lloraba, que lo abrazaba, que lo perdía. Y así es: lo perdí. Igual que como lo gané. Pero no se puede perder a nadie porque tampoco se le puede poseer. Pero yo lo gané y lo perdí, tan como si fuera mío.
Es tuyo Alejandra, pero yo lo tengo sin tenerlo, sin título, pero mío al fin.