Inmueble
Delicioso sentir su lengua bajando desde mi cuello hasta la altura de mi corazón;cruzando mi pecho, subiendo las suaves curvas que conforman mis senos. Regresando a mis labios, rozando mi lengua con la suya. Mordiendo mis labios con sumo cuidado, delicadeza, diplomacia. Sus manos subiendo hasta mi cuello, acariciando mis brazos, abrasando mi abdomen. Las mías procurando apropiarse de su espalda, quitarle la ropa, palpar su ardorosa piel. Procurar casi con desesperación tocar, sentir, arrancar la piel de su cuerpo, bajando mis dedos hasta donde alcanze el deseo.
Que el tiempo no pase, el momento no termine, las horas no sigan, la noche perdure. Que la fuerza de cada abrazo, cada movimiento, cada embestida, sean suficientes para detener el mundo y hacer de nosotros amantes eternos.
Besos furiosos, furtivos. Besos para recordar toda una vida. Besos capaces de manipular un amor al antojo, capaces de amar por sí solos.
Palabras dulces, experimentadas. Él y yo tendidos sobre la cama, acariciando lento mi cara, mi cuello. Acariciando lento sus brazos, su espalda: nos un une un beso. Sonreímos. Siento penetrar su mirada en mi rostro, y me quito esa extravagante sensación callándolo con un beso. Queremos, quiero decir tantas cosas. Y sabemos que sólo las diremos cuando vuelva a ocurrir un encuentro, cuando vuelva a penetrar él en mí y yo en él.
