Escrita el 13 de abril del 2004
No puedo respirar, no sé cómo respirar.
Va más allá de inhalar y exhalar; es poder tentar la tierra, sostenerme sobre ella, dejas de girar y voltear hacia un punto fijo. Es dejar de sentir los latidos de mi corazón en la garganta, poder caminar sin agitarme, sin alterarme. Necesito aire, que el oxígeno entre y recorra todo mi cuerpo y mi mente; que se lleve todo aquello que me aqueja y no deja dormir, todo aquello que me hace pensar y no poder descansar.
Tal vez mañana amanezca y el cielo sea negro, abra los ojos y no me duelan. Tal vez mañana viviremos en agua. Tal vez sea estúpido, pero sería otra realidad igual a la que estoy viviendo.
Volteo y veo sus caras, pero no las reconozco; las conozco pero se pierden en el torbellino de vaguedades que ahonda en mi cabeza. No puedo darme el lujo de dejar de idear, de acabar con el tiempo sinnúmero de maneras y lo único que me queda es enfrentarme: salir con mis mil caras a mi pequeño mundo, y tratar de conseguir que el oxígeno sea mi amigo y que el cielo se vuelva negro. No es imposible; cada que abro los ojos puedo mirar un mundo distinto, puedo concebir millones de universos y situaciones... millones de quizás, tal vez, mañanas, pasados y presentes.
Sólo es cuestión de aprender a escuchar y reconocer que el mudno evoluciona, que cada huella plasmada puede marcarse más cuando algún alguien pisa dentro de ella.
Va más allá de inhalar y exhalar; es poder tentar la tierra, sostenerme sobre ella, dejas de girar y voltear hacia un punto fijo. Es dejar de sentir los latidos de mi corazón en la garganta, poder caminar sin agitarme, sin alterarme. Necesito aire, que el oxígeno entre y recorra todo mi cuerpo y mi mente; que se lleve todo aquello que me aqueja y no deja dormir, todo aquello que me hace pensar y no poder descansar.
Tal vez mañana amanezca y el cielo sea negro, abra los ojos y no me duelan. Tal vez mañana viviremos en agua. Tal vez sea estúpido, pero sería otra realidad igual a la que estoy viviendo.
Volteo y veo sus caras, pero no las reconozco; las conozco pero se pierden en el torbellino de vaguedades que ahonda en mi cabeza. No puedo darme el lujo de dejar de idear, de acabar con el tiempo sinnúmero de maneras y lo único que me queda es enfrentarme: salir con mis mil caras a mi pequeño mundo, y tratar de conseguir que el oxígeno sea mi amigo y que el cielo se vuelva negro. No es imposible; cada que abro los ojos puedo mirar un mundo distinto, puedo concebir millones de universos y situaciones... millones de quizás, tal vez, mañanas, pasados y presentes.
Sólo es cuestión de aprender a escuchar y reconocer que el mudno evoluciona, que cada huella plasmada puede marcarse más cuando algún alguien pisa dentro de ella.

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